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GRÂNDOLA LITERARIA DE JOSÉ ALFONSO ROMERO P.SEGUIN

EL ÁNGEL DERRIBADO

Sin sexo, sin ángeles, ¿qué soy?
me pregunto a gritos,
y me respondo para el cuello de la camisa
pero la camisa es sorda como mi yo.

Y vuelvo a instalarme en la duda
y la duda me arropa como a un niño,
el que soy, huérfano de yo
y sin ángeles a mi alrededor.

¿Me habré muerto
aquel día que aún no se cumplió
en el calendario?,
¿o en un día cumplido ya
en todos esos calendarios
con que se mide el hastío
y la paciencia de los hombres?

Cabe la posibilidad,
¡maldita sea!, siempre cabe algo,
que resucite,
que haya resucitado sin saberlo
y sin saber camine por la vida
escupiendo el don más divino
que se nos ofrece
como si fuese un monigote de paja
que se me atraganta y me provoca arcadas
de colores grises.

O será que soy de la estirpe de los malditos,
de los endémicos desagradecidos
que no hallan consuelo en el arraigo
sino que arraigan desconsolados
todas las soledades de las mareas perdidas
en las ubres de las vacas del sol puesto.

Esas que amamantan con leche de penumbra
las bocas de los voraces días de este mar erguido,
que por las faldas de las montañas avanza
sembrando de humedades pajizas
los guijarros más relucientes
de las montañas derruidas.

Pero no, lo que de verdad debe haber sucedido
es que aún no he nacido,
que habito aún en la paladar
de un dios sin placenta
que nos alumbra pronunciándonos
en un nombre exacto y secreto.

Un nombre por el que después no ha de llamar
a un aquelarre de perros sin collar
y sin ganas,
para oírnos contar, quejumbrosos,
historias brutales y complejas,
contar con aliento de almejas moribundas
que se abren y cierran en el fangoso arenal
de su pena.

El futuro para quien lo quiera,
el presente para el que lo reclame,
el pasado para vosotros que creo que estáis ahí
devorando mi sombra con la unción de un devoto
bajo la falda de un nazareno.

Al final creo que voy a inventar la nada
y seré famoso en el edén de los nardos liofilizados
de penas plausibles y vanos esfuerzos.
Escondo de todos modos, aquí,
envuelta en mi camisa,
una navaja
por si el cielo es una taberna
y el trato agreste y bronco
como lo es en las de todos los puertos del universo.

Una navaja con la que cortarle las alas a algún ángel
y derribarlo sobre la faz de la tierra,
para que cuando nazca este a mi servicio,
en este mundo donde el yo calla cobarde
y los ángeles se nos vuelan como mariposas
al cruzar las calles, al doblar las esquinas,
y también en la melancólica mirada de nuestros desatinos.

Lo terrible puede acaecer si le fallo y no nazco
y me quedo allí de donde lo expulse
y él se queda aquí sólo y sin compañía,
y le pide a dios que le cambie su alma
por otras alas, y dios no lo escucha,
porque dios es sordo a la llamada de los ángeles,
y llama a la puerta del infierno y se la vende
al diablo,
ese angelical coleccionista de almas
que arrojó un día otro cobarde
para una cita a la que jamás acudió.

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2 comentarios

José Alfonso Romero P..Seguín -

Querida Antonia el poema, cualquier poema no es sino el resultado de un estado de ánimo, a él se deben y sólo en él encuentran las fuerzas necesarias para aflorar sin otro criterio que hacer asumible la marea de imágenes que se nos vienen a la boca reclamando forma, exigiendo, en definitiva, osamenta para ser y en ese ser poder habitar los corredores de esa casa sin ventanas que es el poema, con la sola intención de que un día cualquiera alguien dialogue con ellos ajeno a ese mal tundidor que les enjareto más que huesos una rudimentaria vestimenta con la que asearlos en loco afán de no extraviarlos y lo que es más importante poder al margen de la tormenta interpretarlos, oírlos, llegar a desentrañar que le quisieron decir y que le dicen ahora que yacen atrapados en ese paisaje en el que verso a verso se desmayan el poema.
Alguien, digo, como tú, de esclarecido ánimo, para hallar en él un nuevo sentido, porque yo no pero ellos sí, saben que sólo en ese dialogo van a poder reclamarse un día sino enteros si al menos perceptibles y posibles en el infinito esfuerzo que supone siempre tratar de desentrañar la esencial de que se nutre lo universal. Ese fuego eterno de que hablaron los filósofos en el que todo se consume en medida y en medida se engendra, los sueños en definitiva, hermoso oficio, oficio de dioses los que somos.
Dioses, eso sí, confundidos, que cuando miran hacia el interior, cuando de verdad miran, terminan siempre por imaginar un dios inabarcable e inaccesible, un dios creador de cielos y tierras, también de guerras y padecimientos. Un dios que no es sino el reflejo de nosotros mismos y del que renegamos para poder seguir ejerciendo sin culpa la deidad que nos obliga en el afán de los días al margen de los días, en las regiones, digo, donde no reina el espacio ni el tampoco el tiempo, sino el infinito y eterno don de la imaginación. En ese espacio nos movemos tú y yo, cuando dialogamos con estos retablos de situaciones propias de esa esencia que un día protagonizamos como lo que somos para luego retomarlas como lo que representamos. La cordura nos reclama así desnudos de sueños y de esa guisa nos presentamos ante ellos, vestidos, aseados y encoloniados de sensatez.
Quiero decirte amiga que en tu mirar cobra vida el poema y en esa aliento se extiende para tratar de ir buscando encaje, como cualquiera de nosotros, en el todo a que se debe.
Gracias por tu inteligente lectura y por el inmenso consuelo que ello me produce.
Gracias también por tan elogiosas palabras que en el fondo y en la forma tanto te deben, porque nada sería las mías sin las tuyas.
Recibe un fraternal y sentido abrazo.

Antonia -

Ha paseado mi mente varias veces por este poema, y la puerta se mantenía cerrada y solo por una mirilla acertaba a intuir...y hoy he comprendido que nunca encontrare la llave exacta para abrirla del todo, que es eso lo que hace sublime un poema, sentir su peso y no poderlo comprender del todo, que ahi también reside el arte: sentir pero no poseer del todo.
. Pero ese responder para el cuello de la camisa sin embargo.."la camisa es sorda como mi yo"..ese ser acaso de la estirpe de los “maldito”..esos que no agradecen..que no saben que agradecer a ese dios que nos alumbra en un nombre secreto al que nunca luego nos ha de llamar para no oír esas historias brutales..
Y si., entiendo ese deseo de usar la navaja y cortarle las alas a ese angel... Ese dios no va a escuchar ni al ángel reclamando sus alas ni a ti..Ni hace otra cosa que jugar (si es que existiera). Y lo peor es que esos ángeles con alas o sin alas.. caídos o sin caer..y nosotros y los que se quedaron en proyecto y no nacieron.. Somos una suerte de avatares de un juego al que juega un fantasma...y la batería de ese ordenador donde se producen los acontecimientos...no es infimita: un día también se agotara ¡
Hoy he podido abrir un poco mas esa puerta, de tus sueños de poeta.. y he podido helarme al instante con tu visión de ángel derribado y dioses que juegan ..que crean y después dejan su juguete tirado en el estanque.
Es tan duro abrir del todo esa puerta..meterse en todo ese contenido, que tal vez sea mejor solo sentir una parte..Pero la belleza y el sentimiento que transmite este poema, hace que el esfuerzo de pasar varias veces, compense con creces, la dureza de esa concepcion ..de ese dolor.
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