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GRÂNDOLA LITERARIA DE JOSÉ ALFONSO ROMERO P.SEGUIN

ÁNGELES DE LA GUARDA



Cuadro de ángeles durmientes
en el seno esmeralda de un agua jamás emancipada,
la de la laguna caída en la llanura Alistana.
Hogar de batracios y culebras,
cementerio de hierbajos esperanzados
de desesperanza.

Los veo flotar leves y decaídos,
en esa ausencia que semeja pereza
y no es sino feroz vigilia,
la que ordena la infinita paciencia
de su infatigable presencia.

No reclaman alas, pero las tienen,
no buscan con sus amantísimos ojos el cielo,
pero el cielo corona de dócil azul
la mansa gravedad de sus cabezas.

Cabezas de niños dolientes,
que no dolidos.
No en vano no son sino mis amigos y yo
embelesados en las dulces fatigas de la infancia.

Tantas veces nos reflejamos indolentes
en el enigmático espejo de su alma,
como otras tanta ellos se conjuraron
en favor de nuestros sueños.


Como no recordarlos:
el pardo fondo vertido en la superficie,
la superficie desfonda en el reflejo azul del cielo,
y en medio, ellos, peinados sus dorados bucles
y envueltos en tan opacadas sedas.
Haciendo sonar la dulce flauta de su sueño,
para que no se despierte el nuestro,
para que jamás se despierte,
y seamos más que soñados, sueños
y más que sueños, soñadores.

Infinita es la quiebra, lo sé,
pero si alcanzamos a preservar el sueño
y la razón de soñar
nada nos va a privar de la niñez,
nada nos va a obligar a crecer
más allá de donde moran ellos,
angelicales lágrimas del particular universo
de nuestros infantiles ojos.

Sueños de sueños querubines
que nos hicieron posibles,
en la posibilidad y en los sueños.

Los ángeles caídos, de todos es sabido,
guardan con amantísimo celo lo imposible,
y entre ellos, la vida,
imposible de imposibles
en el inasequible desatino de ese hado
no divino.

Los míos duermen caído en una charca
escondida en un recóndito lugar
de la majada castellana.
En el límpido laberinto que forman los pueblecitos
de Mahide, Pobladura,
San Cristobal y San Vitero.

Lagrima signada de batracios verdes y marrones que,
devoran flores creyéndolas mariposas,
adoran a los juncos y veneran a la aurora
que se les enreda en el paladar
para hacerles saber por el gusto que,
un nuevo día las va a degustar
sin otra pasión que la de los demás días.


Recitad poetas del mundo
vuestros más sentidos poemas
para mis ángeles dormidos.
Tocad músicos del mundo para ellos
los acordes de un silencio
limpio y espacioso
como la voluntad de un dios de cristal,
como lo que son.

Tocad y recitad para ellos que vigilan en grave silencio
nuestros bulliciosos sueños de mercaderes.
No somos intocables, sabedlo,
sabedlo ahora que contáis con su oídos.
Sabed que son ellos y no nosotros los que se guardan del tacto
tras el leve tul de la inspiración.

Ellos, ángeles de brumosa levedad en la fiereza
de la más absoluta transparencia,
son nuestros amantes custodios,
en ese lugar sin clemencia ni inclemencia
desde donde guardan nuestras almas
con el celo de una pereza propia sólo de serafines,
y oligofrénicos.


Podría recorrer el mundo, lo sé,
y el mundo danzaría en esa charca
donde ellos,
mis ángeles, moran alimentados
de esos improbables sueños que nacen de mi boca
para sus bocas
de eternos y pacíficos vigilantes.

Dormid mis infatigables amigos,
dormid para que pueda yo vivir,
y el día que despertéis
sabed que mi cielo
cabe en esa humilde charca donde hoy flotáis
ausentes de otro cuidado
que ese que os dispensa este mi corazón
por vosotros florecido de consuelo,
este mi corazón,
por vosotros consolado.



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4 comentarios

José Alfonso Romero P..Seguín -

Querida Antonia, las palabras, nuestras palabras, no construyen en la levedad de un ser y un estar secreto que de algún modo nos permite ser y no ser, morirnos y vivir, en esa resurrección andamos todos, porque todos habitamos en silencio mundos de palabras creados para la ocasión y ocasionales. Ocurre que algunos, tú, yo y otros muchos amigos decidimos un día, cansados quizá de la magnificencia de la placenta en que habitamos, inquietos tal vez por su enorme silencio, decidimos digo, buscar ecos de otros corazones en la esperanza de saber de las palabras de los demás y cuando nos disponemos a ello nos damos cuenta de que no disponemos para este limpio intercambio sino de nuestras palabras, y no dudamos en ofrecerlas buscando saciar la sed de otras palabras. Y lo conseguimos, al ritmo de nuestras palabras descubrimos ese inmenso mundo de mundos en la palabra que habitan los espíritus de una humanidad que desde lejos semeja un todo constante que se mueve uniforme y ruidosa sin expresar algo que no sea el tedio de su zumbar inteligible.
Hermoso juego que nos hechiza y sentimos que no tenemos palabras suficientes para pagar tanta palabra hermosa con que se nos paga, en esa deuda estoy yo contigo. Busco por ello palabras para expresarte el tremendo consuelo que me producen esas tantas palabras tuyas con las que hablas de mis palabras, de lo que soy en ese mundo que tejo en secreto para el secreto de decirnos sin miedo y sin miedo reconocernos lejos del dogmatismo a que nos aboca el discurrir de los días y las necesidades, frente a lo necesario que alimenta nuestra singularidad, nuestra condición.
Decirte sólo que dispongo para tus palabras espacios lejos de la vanidad en el mismísimo espacio que demanda en mí el consuelo, y en él las hago mías sin más secreto que sentirlas tuyas, eternamente tuyas, en eso radica el secreto de la eternidad posible, en el saber habitar en las palabras de los demás sin caer en la tentación de reclamar propiedad sobre ellas. De esa generosidad no debemos desfallecer nunca y en ella te espero y en ella me hallaras siempre.
Infinitas gracias amiga por tus palabras y por el cariño con que tratas las mías, esa que son yo en el laberinto de mis días.
Recibe un fraternal abrazo.

Antonia Sánchez -

"...Haciendo sonar la dulce flauta de su sueño,
para que no se despierte el nuestro,
para que jamás se despierte,
y seamos más que soñados, sueños...."

¡¡Qué belleza nos transmites, entre fondos de estanques, ángeles custodios, sueños de niños y de adultos: soñar que uno es niño..ensoñar lo que sentiamos entonces..soñar sólo con ese pequeña charca donde uno quiere volver en vez de recorrer el mundo...

Me parece todo extraordinario: tus imágenes evocadas del niño que continuas llevando dentro y del espacio congelado por ti en este poema para llevarnos de la mano a ese mundo deliciosa y profundamente evocado.
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José Alfonso Romero P..Seguín -

La infancia no es un paraíso perdido sino el único cuyos caminos vamos a poder hallar aún en la ceguedad de los día más grises.
De tus palabras el consuelo, tanto que no quisiera ponerle palabras sino actos.
Gracias hermano, un fraternal abrazo.

Antonio -

Bravo Fon. Intenso poema, lleno de imágenes bellas, de música, de jilgueros y amapolas. La infancia: nos hacemos mayores que hablamos cada vez más de ella...
Excelente poema.
Un abrazo grande
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