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GRÂNDOLA LITERARIA DE JOSÉ ALFONSO ROMERO P.SEGUIN

EL ÚLTIMO NOMBRE DE LA AUSENCIA

EL ÚLTIMO NOMBRE DE LA AUSENCIA EL ÚLTIMO NOMBRE DE LA AUSENCIA

Cumplida aquí nuestra presencia,
las manos se nos llenan
de delirantes y convulsas sombras,
reflejos de trabajos y orígenes remotos.

Oscuros dibujos de cabalísticos presagios,
tatúan para un suspiro,
el magnánimo espejismo
de esa metafórica alma que se aleja
de donde nunca estuvo.

En el pecho,
el corazón exhala el milenario grito
de tan atávico ritual.
Cuántos son los que han muerto,
pues en tantos, imperecedero e invariable
el destructor alarido
que rige sin misterio los destinos del universo.

El rostro se marchita para siempre
en la melancólica catarata de tristeza
que opaca los ojos,
a la par que se acalla todo rumor
en nuestra entrañas,
para que el sepulcral silencio
dicte por terceras bocas,
su implacable sentencia,
¡muerto es!

Le llamamos muerte
al hecho en sí de ausentarnos,
y nos da tanto miedo y tanta pena,
que nos pasamos la vida ausentes
por la angustia
de tener un día que ausentarnos.

Morir, sería una magnífica disculpa
de la culpa de no vivir,
si no fuese un imposible
pensar en huir de esta culpa sin culpa
ni disculpa, que nos culpa a vivir.

Y es por ello
que hemos inventado la muerte
con la que equivocar
accesibles y cercanas calles,
estancias y corazones,
con lejanos y herméticos universos,
para tener así la esperanza
de que un día nos morimos,
aún sabiendo
que la muerte es sólo una forma más
de ausentarse,
de estar ausentes.

Otras serán entonces las realidades,
otras las conciencias.

Pero eso a quién le importa,
si no morimos, ¿qué somos?,
si sólo nos ausentamos
¿de qué estamos hechos?

Si en verdad sólo estamos ausentes
¿cuándo volveremos a ser
eso que ahora somos?

¿Si somos irremediablemente eternos
de qué vale la eternidad
que con tanto desatino y trabajo
hemos ido forjando
a la sombra de nuestras esenciales miserias?

Hemos de morir, aún sólo en el vano
acto de formular tal deseo,
para que sea
en nuestro débil ánimo,
definitiva la ausencia,
esencial la memoria
y posible el consuelo.
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11 comentarios

José Alfonso Romero P..Seguín -

Gracias amiga por esa mucha comparación, que en nada desmerece tu mucho cariño.
Efectivamente hablo de eso que dice, pero no tanto desde la renuncia como desde la angustia, esa suerte de renunciar sin consuelo, ese consuelo al que no renuncio, quizá porque no puedo.
Gracias por estar ahí.
Recibe un fraternal abrazo.

Antonia Sánchez -

Me estás hablando de ausencias:pasar por la vida sin sentir, sin comprometerse, sin mirar,sin luchar, sin agarrar tus riendas
.Me estás hablando de una ausencia, de un pasar por una vida de la que te has hecho ausente hace mucho, un pecado contra la VIDA no VIVIR..
Por tanto llegar a la muerte, no es más que otra ausencia más, pero definitiva que debe llegar, para consolarte y redimierte, como tú escribes:
"Hemos de morir, aún sólo en el vano acto de formular tal deseo, para que sea
en nuestro débil ánimo,
definitiva la ausencia,
esencial la memoria
y posible el consuelo

Me has recordado a Quevedo en este poema.
Duro, incisivo, profundamente inteligente y bello.

José Alfonso Romero P.Seguín -

Estimado Jon:
Decía alguien, siempre un hombre bueno, cualquiera de los tantos que aquí nos damos cita, “que buenas son las palabras buenas”, razonamiento sencillo para un sencillo acto de agradecimiento, el que trato de dispensarle, porque las suyas son además de buenas, hermosas y profundas, mucho más sin duda que mi poema, pero es así, digan lo que digan, como se forja la literatura, no con lo que dice el autor sino con la opinión del lector. En esta caso, sus palabras son generosas en el reconocimiento, y se lo agradezco infinitamente porque me llenan de consuelo, pero sin hallasen motivo de crítica nos las tendría por menos, seguirían siendo para mi palabras buenas. Quiero decirle, para que más rodeos, que reconozco en Ud. un enorme talento y un aún más enorme corazón.
Mil gracias por su comentario y su amistad.
Recibe un fraternal abrazo.

Jon Jonenjur -

Me trae a la memoria este texto una cita, que bien hubiese podido muy bien encabezar como epigrafe, si me permite, el poema, es de Paul Valéry "Temen morir y no temen vivir". El texto resulta apabullante en la dialectica que plantea, en esa formulacion de silogismos imbricados con tal belleza y poderosa fuerza lirica hacia el consuelo, que no permite la posibilidad de refutacion posible. Constituido en dos partes, una mas descripitiva de la naturaleza de la condicion humana en su relacion con la muerte, la primera y otra, en la que se dispone con firmeza, la segunda, al planteamiento de las premisas de las que el hombre dispone en torno al imaginario de esta, a mi particularmente me ha seducido con especial emocion la primera, por la riqueza de recursos que expone, de una densidad extraordinaria en cada imagen. Hemos de reconocer que la segunda parte era sin duda la mas laboriosa, pero a pesar de ello ha sido resuelta con brillantez igualmente. Si hubiese de quedarme con unos versos, que duda cabe que seria con el apoteosico, no encuentro otra palabra mejor para definirlo, final.
"Hemos de morir, aún sólo en el vano acto de formular tal deseo, para que sea
en nuestro débil ánimo,
definitiva la ausencia,
esencial la memoria
y posible el consuelo."
He de darle mi mas sincera enhorabuena, por un trabajo de semejante dimension y talla. Se trata sin duda de una autentica obra de arte. Reciba un fraternal abrazo, compañero, lleno de consuelo...

Jon Jonenjur -

Soberbio...De una hondura enorme, he de volver a leerlo, pero no he podido resistirme a dejar un comentario apresurado. Un fraternal abrazo, compañero...

José Alfonso Romero P.sEGUÍN -

Así es, la muerte no es el colofón sino esa mano amable que nos pone en su sitio, tanto es así que un día nos extravía y no da razón de donde nos dejó.
Gracias por tu visita, tu tiempo y tus palabras, me llenan de consuelo.
Recibe un fraternal abrazo.

Pilar Ana -

Saludos. A menudo, nos sentimos imprescindibles en esta corta vida, y a veces es la muerte la única que nos avisa de nuestra fragilidad. Un placer.

José Alfonso Romero P.Seguín -

Grandes es el consuelo cuando quien elogia no es tan querido como respetado, tan admirado como admirable.
Un fraternal abrazo.

Antonio -

Excelente poema Fon, como siempre pleno y exacto.
Un abrazo grande

José Alfonso Romero P.Seguin -

Muchas gracias amiga por tu comentario.
Mis mejores deseos para ti.
Un fraternal abrazo.

Isoba -

Muchas gracias por pasarte por mi blog.

¿Quién se acordará de nosotros cuando llegué el momento último de partir?

Porque al final no somos más que pequeñas motas perdidas en un universo. Pero, mientras nuestros caminos se crucen, vivamos y sintamos nuestra compañía.
Un gran saludo y felices fiestas, José Ramón.
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